Por mis hermanos adictos a las drogas

Me rompe el corazón conocer a hombres y a mujeres atrapados por las drogas. No olvidaré nunca el llanto y la súplica de una mujer a quien visité en una “toma” a las afueras de Curanilahue que me pedía que la sacase de las drogas. Durante los últimos años he podido acompañar de cerca a algunos de ellos en un Centro de rehabilitación que nació como fruto del año de la misericordia al que nos invitara el Papa Francisco el año 2016. Durante ese año escuchamos decir al Papa que es muy importante que la misericordia se concretice en acciones reales y perdurables en el tiempo, por lo tanto llamaba a cada comunidad parroquial a generar un fruto que mostrara la misericordia de Dios Padre; fue así que en una sesión del Consejo Parroquial de Pastoral se definió que el fruto de la Parroquia San José de Curanilahue sería la creación de un espacio que sirviera para acoger, acompañar y sanar a personas con adicción al alcohol y a las drogas. Al Centro se le llamó Renace-Curanilahue y fue bendecido el 7 de mayo de 2017, abriendo sus puertas al día siguiente. Sus primeros pacientes fueron: Manuel, Juan y Cintia. En estos tres años cerca de 120 personas se han acercado al Centro y varios de ellos han dado o están dando la pelea, el buen combate, de la rehabilitación.

Este Centro se transformó rápidamente en un lugar de encuentro, de esperanza y de una real oportunidad de vida nueva para quienes acuden a él con la ilusión de sacar de sus vidas aquella basura que llamamos droga y que es un verdadero cáncer que poco a poco les consume y les va matando día a día, junto con destruir a sus familias.

El Centro está formado por cuatro estamentos:

1°. Un Directorio que sostiene al Centro en lo económico y en su vinculación con la Parroquia San José de Curanilahue, a través de una ONG creada para el caso y de un grupo de socios colaboradores que aportan su ayuda económica.

2°. El personal de servicio: secretarias, personal de aseo y vigilancia. Ellos, con acogida alegre y generosa, colaboran en la dinámica diaria del Centro.

3°. Un Equipo técnico, formado por psicólogos, médicos, trabajadores sociales y acompañantes espirituales. Todos ellos voluntarios y son los que llevan adelante las estrategias de tratamiento y acompañamiento de los pacientes.

4°. Un Equipo de gestión que se preocupa de la dirección, administración y difusión del Centro, además de organizar los servicios de prevención y de vinculación con las demás organizaciones que se preocupan del tema de las adicciones. Todos ellos también voluntarios.

Es importante señalar que en los tres años de vida que ya tiene el Centro ha recibido el valioso apoyo de la ONG francesa FIDESCO, quienes han enviado voluntarios para asumir la dirección del Centro y fortalecer el servicio que realiza Renace-Curanilahue.

Las tareas del Centro

a) Trabajar por la recuperación y rehabilitación del enfermo de manera ambulatoria por ahora, procurando la rehabilitación de los enfermos, por medio de una psicoterapia personal y de grupo, a cargo de  profesionales y monitores adecuadamente capacitados en las dimensiones médicas, sicológicas, sociales y espirituales.

b) Trabajar en la prevención de las adicciones que atañen al Centro, divulgando un conocimiento adecuado del problema del alcoholismo y de la drogadicción. Este trabajo se realiza principalmente en escuelas, liceos, ferias de prevención y en las calles.

c) Vincularse y cooperar con la red de instrucciones que se dedican a labor rehabilitadora y preventiva en temas de alcoholismo y drogadicción.          

e) Organizar y promover talleres en oficios (gasfitería, tapicería, cocina, etc.) con el objeto de que los pacientes de Renace-Curanilahue puedan mejorar sus condiciones socioeconómicas.

El sentido del Centro

Un elemento muy importante para el Centro Renace-Curanilahue es la dimensión espiritual. Quiere acompañar a las personas que sufren el mal del alcoholismo y la drogadicción desde la fe cristiana, abriéndoles un camino de esperanza que les lleve a su plena recuperación e inserción en la sociedad. Reconocemos que cada persona ha sido creada por Dios a su imagen y semejanzay que cuando esa condición está ensombrecida por cualquier mal se debe trabajar incansablemente para revertir esa situación y hacer que brille nuevamente en ellos su plena dignidad.

Personalmente puedo decir que hay una palabra de Jesús que me impulsa a trabajar por la recuperación de cada adicto a las drogas o al alcohol que encuentro en mi camino:     “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10).

Abramos los ojos y tendamos nuestras manos

Ante la realidad dolorosa de la adicción a las drogas o al consumo problemático del alcohol en tantas personas, a veces muy cercanas, no podemos caer en la tentación de la indiferencia, “hacer como que no pasa nada” o como ellos mismos dicen, “no es para tanto”. Me impresionan en ese sentido las palabras del Papa Francisco en la Bula Misericordiae Vultus N°15: No caigamos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye. Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio”. Frente al flagelo de las drogas les invito asumir la invitación que nos hace el Papa en el mismo documento: Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad. Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia que suele reinar campante para esconder la hipocresía y el egoísmo”.

Hagamos nuestras estas palabras y busquemos la forma de apoyar obras como el Centro Renace-Curanilahue que dignifican y recomponen a las personas y no solo a las personas, sino también a la sociedad, al mundo. Sí, porque quienes son sanados de sus adicciones se trasforman en un testimonio para quienes están luchando por salir de ellas o pueden ser ejemplo para que alguien se atreva a dar el primer paso, ese paso crucial, para dejar el consumo problemático del alcohol y las drogas.

Pablo Leiva Rojas

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