La parroquia, comunidad de comunidades

Recuperando el valor de lo comunitario

El Señor me ha permitido vivir durante años el servicio de párroco acompañando a comunidades cristianas de diversas realidades: urbanas de grandes y pequeñas ciudades, rurales de pequeños pueblos; algunas pobres y otras de sectores económicos acomodados. ¿Qué han tenido en común estas parroquias? ¿Qué he podido encontrar en ellas que me han cautivado?  La respuesta es muy simple y muy profunda: en todas he podido encontrar y vivir la experiencia comunitaria de la Iglesia, en todas he podido vivir la dimensión de la Iglesia, Pueblo de Dios.

La parroquia está llamada a ser siempre expresión de la vida comunitaria, esa vida querida por Jesús y expresada en comunión y misión: “Subió al monte y llamó a los que él quiso. Cuando estuvieron junto a él, eligió de entre ellos a doce, para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar” (Mc 3, 13-15).

El reconocimiento de la realidad comunitaria de la parroquia se ha retomado después de siglos de ausencia y se ha hecho recurriendo al origen de las primeras comunidades, volviendo a las raíces fundamentales de la Iglesia. Contemplando a las pequeñas comunidades presentes en el testimonio que nos dan las Escrituras, es como se logra el retorno a la experticia de la fe vivida en pequeñas comunidades o Comunidades Eclesiales de Base (CEBs). En esto, la Iglesia en Latinoamérica ha dado un gran aporte a la Iglesia en el mundo entero.

El camino recorrido en favor de la definición: parroquia comunidad de comunidades

Hace 52 años la Iglesia reunida en la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín (1968), después del Concilio Vaticano II,  nos ayudó a descubrir el rostro de toda parroquia: “hacer de la parroquia un conjunto pastoral, vivificador y unificador de las comunidades de base” (Pastoral de Conjunto N°13). En la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Puebla (año 1979) se sigue profundizando esta idea: La parroquia “es centro de coordinación y de animación de comunidades, de grupos y movimientos. Aquí se abre más el horizonte de comunión y participación” (N° 644).

Más tarde en la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo en el año 1992 aparece la expresión “La parroquia, comunidad de comunidades (N° 57), expresión que retoma la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Aparecida (año 2007), dándole más vigor e importancia.

Si bien es cierto el Magisterio de la Iglesia ha mantenido vigente en los últimos 50 años la importancia y valor de las pequeñas comunidades – primer nivel de la Iglesia – sin embargo, en la práctica y con el tiempo, la parroquia quedó reducida a una organización eclesiástica dedicada más a ofrecer servicios religiosos que a favorecer la vivencia de la vida cristiana en las CEBs.

Un aire nuevo, renovador y comunitario, invade a la Iglesia con la elección del Papa Francisco. En noviembre de 2013, publica su primera Exhortación Apostólica llamada “Evangelli Gaudium”. En este documento deja entrever su visión del modelo parroquial para este Tercer Milenio: “A través de todas sus actividades, la parroquia alienta y forma a sus miembros para que sean agentes de evangelización. Es comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero” (Nº 28). Menciona acá dos aspectos esenciales de toda parroquia comunidad de comunidades: la dimensión comunitaria y la dimensión misionera.

Este recorrido nos permite reconocer como la Iglesia nos ha hecho caminar hacia un redescubrimiento de la vida comunitaria de sí misma a partir de las CEBs o de las pequeñas comunidades cristianas.

Las Comunidades Eclesiales de Base y la parroquia.

Presento a continuación, algunos textos del Magisterio Latinoamericano que nos pueden ayudar a entender el rol de las CEBs en la parroquia y en la Iglesia en general.

En el Documento de Medellín:

Al hablar de las CEBs Medellín, comienza diciendo: “La vivencia de la comunión a que ha sido llamado, debe encontrarla el cristiano en su “comunidad de base”; es decir, una comunidad local o ambiental, que corresponda a la realidad de un grupo homogéneo, y que tenga una dimensión tal que permita el trato personal fraterno entre sus miembros” (N° 15.10). Con esto se inicia el gran despertar de lo que podemos llamar la Iglesia en la base, primer y fundamental nivel de la Iglesia.

En relación con la liturgia plantea: “La celebración de la Eucaristía en pequeños grupos y comunidades de base puede tener verdadera eficacia pastoral” (Liturgia N° 12).

En torno al tema de la formación de los futuros sacerdotes: “En una forma más concreta, y en orden a su futura actividad pastoral, debe cuidarse la preparación de los seminaristas en algunos aspectos de particular importancia en nuestro ambiente latinoamericano: formación básica sobre Pastoral de conjunto, preparación para la iniciación y asistencia de las comunidades de base” (Formación sacerdotal, N° 21).

Hablando de la Pastoral de Conjunto: “La visión que se ha expuesto nos lleva a hacer de la parroquia un conjunto pastoral, vivificador y unificador de las comunidades de base. Así la parroquia ha de descentralizar su pastoral en cuanto a sitios, funciones y personas, justamente para “reducir a unidad todas las diversidades humanas que en ellas se encuentran e insertarlas en la universalidad de la Iglesia” (Pastoral de Conjunto, N° 13). Y en el mismo tema, plantea una tarea importante al CELAM: “Ha de preocuparse mucho de esta época por una reflexión integral, continuada y enriquecedora comunión de experiencias en el campo pastoral. Entre las materias cuyo estudio sería oportuno que abordase, deberían actualmente figurar las comunidades de base”. (Pastoral de Conjunto, N° 32)

Finalmente un llamado importante: “Que se procure la formación del mayor número de comunidades eclesiales en las parroquias, especialmente rurales o de marginados urbanos.

Comunidades que deben basarse en la palabra de Dios y realizarse, en cuanto sea posible, en la celebración eucarística, siempre en comunión con el obispo y bajo su dependencia”. (Pastoral Popular N° 13)

En el Documento de Puebla:

La importancia de las pequeñas comunidades en la vida de la parroquia queda de manifiesto cuando el documento dice: “Se vive la comunión en núcleos menores, la comunión en las familias cristianas, en las Comunidades Eclesiales de Base y en las parroquias” (N° 105).

Sabemos que las parroquias rurales normalmente están presentes en extensos territorios, por eso es importante favorecer la creación de comunidades. “La parroquia rural se encuentra identificada generalmente en sus estructuras y servicios con la comunidad existente. Ella ha tratado de crear y coordinar Comunidades Eclesiales de Base que correspondan a los grupos humanos dispersos por el área parroquial” (N° 111).

Es importante recalcar el rol de animación de la parroquia. “La parroquiarealiza una función en cierto modo integral de Iglesia, ya que acompaña a las personas y familias a lo largo de su existencia, en la educación y en el crecimiento de su fe. Es centro de coordinación y de animación de comunidades, de grupos y movimientos. Aquí se abre más el horizonte de comunión y participación” (N° 644)

En el Documento de Aparecida:

El Documento de Aparecida hace la síntesis, permitiéndonos comprender el valor que en la parroquia tienen las CEBs. “Por eso, alentamos los esfuerzos que se hacen en las parroquias para ser “casa y escuela de comunión”, animando y formando pequeñas comunidades, que sean eclesiales de base, así como también en las asociaciones de laicos, movimientos eclesiales y nuevas comunidades (Mensaje final, 4). Se ha tomado conciencia que “crecen los esfuerzos de renovación pastoral en las parroquias, favoreciendo un encuentro con Cristo vivo, mediante diversos métodos de nueva evangelización, transformándose en comunidades evangelizadas y misioneras. Se constata, en algunos lugares, un florecimiento de comunidades eclesiales de base, según el criterio de las precedentes conferencias generales, en comunión con los Obispos y fieles al Magisterio de la Iglesia (N° 99, e). De ahí la importancia del párrafo que cito a continuación:

“Las comunidades eclesiales de base, en el seguimiento misionero de Jesús, tienen la Palabra de Dios como fuente de su espiritualidad y la orientación de sus Pastores como guía que asegura la comunión eclesial. Despliegan su compromiso evangelizador y misionero entre los más sencillos y alejados, y son expresión visible de la opción preferencial por los pobres. Son fuente y semilla de variados servicios y ministerios a favor de la vida en la sociedad y en la Iglesia. Manteniéndose en comunión con su obispo e insertándose al proyecto de pastoral diocesana, las CEBs se convierten en un signo de vitalidad en la Iglesia particular. Actuando así juntamente con los grupos parroquiales, asociaciones y movimientos eclesiales, pueden contribuir a revitalizar las parroquias haciendo de las mismas una comunidad de comunidades. En su esfuerzo de corresponder a los desafíos de los tiempos actuales, las comunidades eclesiales de base cuidarán de no alterar el tesoro precioso de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia” (N° 179).

Propongo el siguiente desafío para las parroquias y sus CEBs:

 “Caminar hacia una parroquia renovada, comunidad de comunidades, con la mira fija en Jesús el Señor, al servicio del mundo”

Para hacer realidad este desafío es importante tener presente las siguientes acciones:

1. Ser una parroquia acogedora y fraterna en el espíritu de las primeras comunidades, cultivando decididamente la vida comunitaria, reconociendo en ellas la presencia real de Jesucristo: “Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20). Por lo tanto fortalecer las CEBs debe ser una misión que se haga con decisión y entusiasmo. 

2. Acentuar la formación permanente de todos en la comunidad. “Se mantenían constantes en la enseñanza de los apóstoles” (Hechos 2, 42). Un lugar importante debe tener la lectura, meditación y puesta en práctica de la Palabra de Dios, en una perspectiva de servicio buscando estructuras más unidas y fraternas para la sociedad.

3. Vivir la espiritualidad que brota del encuentro con el Señor siendo comunidad orante y eucarística.“Se mantenían constantes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones” (Hechos 2, 42).

4. Intensificar la acción misionera de todos en la parroquia, respondiendo al envío de Jesús: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mateo 28, 19).

5.  Servir decididamente a los pobres y afligidos, construyendo una comunidad solidaria que descubre en el rostro de todo ser sufriente, el rostro de Cristo. “Y el Rey les dirá: ‘Os aseguro que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’” (Mt 28, 40).

Conclusión

La conclusión y el llamado final lo encuentro en palabras de Francisco: Que las parroquias vivan la comunión y la participación, y se orienten completamente a la misión (cf. EG 28). Será esto lo que llene de sentido el caminar de nuestra Iglesia en cada comunidad parroquial.

Cuando vemos que en la parroquia y en comunidad de comunidades, las CEBs permiten que los cristianos vivan la alegría de saberse hermanos; ahí, en ese espacio de fe, se conocen, se perdonan, se ayudan, acogen con sincera caridad al que vuelve después de estar lejos cualquiera sea el motivo, se animan a salir a dar testimonio de la vida del Resucitado, rezan por los que pasan momentos difíciles y comparten el pan cotidiano con los más pobres.

Nuestras comunidades cristianas son signos del Reino de Dios y nos encaminan decididamente hacia él. Caminamos en comunidad, nos santificamos en comunidad. “La santificación es un camino comunitario, de dos en dos” (GE N° 141); por eso salimos de nuestro aislamiento y nos dejamos abrazar por el hermano o hermana de comunidad, ya que “compartir la Palabra y celebrar juntos la Eucaristía nos hace más hermanos y nos va convirtiendo en comunidad santa y misionera” (GE N° 142). Toda parroquia será “sal y luz” del mundo si se edifica desde su primer nivel: desde las pequeñas comunidades presentes en su territorio.

Pablo Leiva Rojas

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